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sábado

Pasando los 200 años de la Ciencia de la lógica de Hegel


    1812, 5 de febrero, Hegel le dice a su amigo Niethammer: “Me encuentro hundido en esto hasta las orejas. No es poca cosa, escribir durante los primeros seis meses de casado un volumen de treinta pliegos con el contenido más abstruso”
    El “contenido más abstruso”, al cual se refiere Hegel, es aquel que él ha bajado y comido del árbol prohibido, y por lo tanto liberador como es el de la ciencia. No hay contenido más abstruso que exponer la lógica del espíritu o lógica del mundo, pues ello exige la sumersión al pensamiento puro del mundo, labor esta llevada a cabo por Hegel en su Wissenchaft der Logik, que obra conmemoramos.

    2012, y aún un fantasma recorre la filosofía (entiéndase ciencia): “el fantasma de lo incognoscible”. El aporte fundamental de Hegel con toda su obra filosófica, y la Ciencia de la Lógica en particular, es sino el esfuerzo de superar la inocencia que da la vida y hacer que la filosofía discierna sobre sí y logre la reconciliación, conocimiento y reconocimiento de la totalidad, por demás divina, Hombre-Mundo, fundándose en la naturaleza de las ciencias puras y sabiéndose concepto de dicha totalidad.

viernes

Filosofía ¿Conoces a Michael Devitt?

Distinguido profesor de la Universidad de Harvard.

Nos acompañará en el mes de septiembre como invitado especial en la celebración del Simposio
Debate: Realismo - Antirrealismo.
MICHAEL DEVITT

Sus áreas de interés son la Filosofía del Lenguaje, la Filosofía de la Mente y la Metafísica. Sus proyectos actuales incluyen Filosofía de la Lingüística, Cuestiones Fundamentales de la Semántica, la Semántica de las Descripciones Definidas y Demostrativos, el Externalismo Semántico y los Debates Contemporáneos sobre el Realismo Científico.

Entre sus cursos se cuentan:
La realidad psicológica de la Lengua, Cognición Animal, Significado (coperación con Stephen Neale), Referencia, Filosofía de la Biología y Significado.

Sus publicaciones más representativas:
Designation. New York: Columbia University Press, 1981, xiii, 311 pp.

Realism and Truth. Oxford: Basil Blackwell, 1984, ix, 250 pp. (Princeton: Princeton University Press). 2nd edn revised, Oxford: Basil Blackwell, 1991, xii, 327pp.
Reprinted "with a new afterword," Princeton: Princeton University Press, 1997, xii, 371pp.

Coming to Our Senses: A Naturalistic Program for Semantic Localism. New York: Cambridge University Press, 1996, x, 338pp.

"Meanings Just Ain't in the Head." Method, Reason and Language: Essays in honour of Hilary Putnam, George Boolos, ed. Cambridge: Cambridge University Press (1990), pp. 79-104.
Reprinted in Croatian in Filozofskim Istrazivanjima 45 (1992), pp. 425-45.

"A Shocking Idea about Meaning." Revue Internationale de Philosophie, a special issue devoted to Hilary Putnam, in press.

"The Metaphysics of Truth." In The Nature of Truth, Michael Lynch, ed. Cambridge, MA: MIT Press (2001).

¿Que significa la medicina del deseo?

El fenómeno de la medicalización de la vida en el primer mundo crea adicción, en ocasiones perversa, de manera que la demanda de servicios sanitarios por parte de la población termina por hacerse virtualmente infinita, sobre todo porque el concepto de salud y enfermedad ha cambiado. Este incremento de la demanda es motivo de preocupación por parte de sanitarios, gestores y políticos. 
 
Y se intenta atender en un contexto de avances científico-técnicos en continua evolución, exigencia de ofrecer la máxima calidad asistencial y limitación de recursos destinados a la atención sanitaria. Difícil tarea.
En este desdibujado mundo de la salud y enfermedad se ha acuñado el término de “medicina del deseo”, según denominación del psicólogo alemán Matthias Kettner, publicado en la revista Ethik Med en el año 2006: “el nuevo paciente (mejor nuevo cliente) ya no necesita de los saberes y procedimientos médicos para convertir el sufrimiento de la enfermedad en la infelicidad de la normalidad, sino que precisa de tales saberes y procedimientos para aproximar y ajustar las condiciones del propio cuerpo al estilo de vida que desea”. En la medicina estética puede verse la primera muestra (estructurada y organizada) de lo que significa la medicina del deseo, pero un reciente artículo especial de Medicina Clínica analiza ejemplos de deseos que pueden satisfacerse mediante intervenciones médicas, algunas ya bien reconocidas: deseo de engendrar un hijo con un determinado sexo (diagnóstico preimplantacional para la selección sexual), deseo de alumbrar un hijo en una determinada fecha (cesárea programada, en el que el deseo no se define bien si es de los padres o del propio ginecólogo), deseo de modificar los atributos sexuales (mamoplastias, alargamiento de pene, etc), deseo de mejorar la potencia sexual (sildenafilo), deseo de un mayor rendimiento físico (eritropoyetina, esteroides, etc), deseo de una apariencia juvenil (tratamientos antienvejecimiento), y muchos más.
Los dos autores de este artículo especial son doctores en filosofía. Uno de ellos, el Dr José Luis Puerta, también es médico y nos tiene acostumbrado a estudios y reflexiones humanistas y filosóficos en el entorno de la medicina, como director de la revista “Dendra Médica, Revista de Humanidades” (y que, anteriormente, recibía el nombre de “Ars Médica. Revista de Humanidades Médicas”). Conviene leer con detalle el artículo, en el que queremos destacar algunas reflexiones, como el comentario de que en la situación actual de la medicina se esperan cosas contradictorias. Por ejemplo, en la salud maternoinfantil, por un lado se evitan los embarazos no deseados (sirviéndose incluso de prácticas abortivas) 
y, por otro lado, se debe disponer de medios tecnológicos que satisfagan el deseo de tener hijos con el sexo y características que mejor se adapten a las preferencias parentales, además de asegurar la viabilidad de recién nacidos extremadamente prematuros. Se comenta que estas aparentes contradicciones se desvanecen si aceptamos que los fines de la medicina ya no son solo prevenir o curar la enfermedad, sino también satisfacer los deseos individuales.
Con esta nueva redefinición de la medicina, aceptar la enfermedad y las molestias que le son consustanciales empieza a parecer una injusticia. Y por ello, por ejemplo, los padres no entienden que en el siglo XXI no seamos capaces de ofrecer un remedio eficaz e inmediato para eliminar los mocos o la tos.
La “medicina del deseo” dificulta el camino al deseo de una medicina que intente ofrecer la máxima calidad con la mínima cantidad (de intervenciones) y en el lugar más cercano al paciente.

miércoles

¿Por qué febrero tiene solo 28 días?


Excepto cuando el año es bisiesto y se le agrega un día. En serio, ¿cuál es el problema con febrero? 

¿Por qué no tiene 30 o 31 días como los demás meses del año? 



La historia tiene una explicación. 

Cuentan por ahí que Rómulo, el fundador de Roma (que quizá solo se trate de una leyenda), requería de una forma de organizar las incontables festividades y actividades de su república. De ahí nació la idea de crear un calendario, basado en estos eventos, que atendiera a necesidades específicas.


Los astrónomos de la antigüedad ya tenían noción de los equinoccios y los solsticios – así como de las estaciones. Los segundos ocurren en diciembre y en junio, marcando el comienzo del verano y del invierno, respectivamente. Es cuando el Sol en su movimiento aparente alcanza la mayor declinación a partir de la línea ecuatorial, haciendo que la noche sea más larga que el día en el invierno y al revés en el verano. Los equinoccios tienen lugar en otoño y primavera, cuando llegamos a un término medio y el día y la noche tienen duraciones más próximas. El ciclo completo dura 365.242 días – ¿te recuerda a algún periodo?


Además, los astrónomos observaron las fases de la Luna: Nueva, Creciente, Llena y Menguante. Cada una duraba poco más de siete días y el ciclo completo se extendía hasta los 29.5 días.


Los romanos elaboraron un calendario lunar, con diez meses de una duración de 30 o 31 días, comenzando en marzo y terminando en diciembre. Pero este año no contemplaba el calendario solar, marcado por las estaciones – y de extrema importancia para la agricultura. Básicamente, se saltaron el invierno que, en el Hemisferio Norte, comienza a partir de diciembre y dura los primeros meses del año. Y aquí todo comenzó a ponerse confuso.


Así fue que Numa Pompilio, el segundo monarca romano, tuvo una idea. Como los números pares se consideraban de mal agüero en la Roma antigua, este sujeto eliminó un día a todos los meses con 30 días. Es decir, abril, junio, sextilis (agosto), septiembre y noviembre quedaron con 29 días. Numa quería que el calendario cubriera 12 ciclos lunares, llegando al número de 354 días. Pero (¡maldita sea!) 354 es un número par. Entonces, redondeó el número a 355 días, agregando 57 días extras. Dividió el número en dos nuevos meses y los colocó al final del calendario. Sí, enero (de 29 días) y febrero (de 28) fueron organizados después de diciembre en un calendario anual.


Febrero tenía 28 días, y aunque era un número par, los romanos lo dejaron pasar. ¿Por qué después de tanto arguende para evitar los números pares? Bueno, por qué febrero, la época del último mes del año, se consideraba un periodo de mala suerte. Entonces ellos querían que se terminara lo más pronto posible. Así, no les importó dejar los 28 días.


Además, el calendario de Pompilio no coincidía con las estaciones. Tras algunos años, las estaciones dejaron de estar en sincronía con sus meses y se hizo necesaria una nueva reforma. Ahí dividieron a febrero en dos: 23 días – y el resto. Luego, para evitar la falta de sincronía entre el calendario y las estaciones, un año sí y un año no ese “sobrante” de cinco días recibía un aumento de 27 días. Si eres de los que odian los años bisiestos este esquema parece todavía más confuso, ¿verdad? De esta forma cada cuatro años los 1465 días podían dividirse en cuatro periodos de 366.25 días, que se aproximaban más al ciclo solar.


Si el calendario fuera organizado de esta forma las estaciones estarían más próximas a la realidad. Pero aquí entra la política (como en todo): personas que ocupaban altos cargos en la republica romana querían extender sus mandatos en la medida de lo posible, o expulsar a sus adversarios. Entonces esos días extras terminaron siendo agregados más por presiones de la sociedad que por las estaciones, como en el plan normal, y todo volvió a ser confuso.


Cuando Julio César llegó al poder en el 49 a.C. las cosas estaban completamente fuera de sincronía. Por suerte, había pasado algún tiempo en Egipto, donde los calendarios de 365 días eran populares. Fue así que en el 46 a.C. hizo una nueva reforma al calendario romano. Movió enero y febrero al comienzo del año y agregó 10 días al año para llegar a un total de 365 días. El mes Quintilis pasó a llamarse Julius (Julio) y se hizo con un día extra, 31, en homenaje al entonces emperador. Febrero se quedó con 29 días. Tres décadas después, en el 8 a.C., el nombre del octavo mes, Sextilis, fue rebautizado como Augustus, para honrar a César Augusto. Pero Augustus tenía solo 30 días mientras que Julio tenía 31. El emperador de la época determinó entonces que su mes tuviera 31 días, para quedar a la par con Julio César. Septiembre pasó a tener 30 días tras este cambio.


Y, como el año es un poco más grande que este número (0.242 días, para ser más precisos) también agregó un día extra a cada cuatro años. Sin embargo, los agregaron entre los días 23 y 24 de febrero. Mucho tiempo después se hizo una nueva reforma para oficializar el día extra al final de febrero – el día 29 de los años bisiestos.

Vía Digg

lunes

La Caracterología


Caracterología.


Parte de la psicología que estudia el carácter y la personalidad. Existió ya dentro del marco de la filosofía y medicina griegas (Aristóteles, Plutarco, Hipócrates) , pero su pleno desarrollo es moderno y coincide con el de la psicología experimental. El termino fue creado por Wundt. La clasificación de los caracteres puede hacerse desde distintos puntos de vista. Una de las más más conocidas es la de Heymans, que distingue ocho tipos según predomine en ellos uno u otro de los siguientes pares de prioridades:


  • Emotividad, No-Emotividad.   Actividad, Inactividad. 


  • Primariedad (reacción inmediata y pasajera). Secuindariedad (recuperación lenta y duradera).


Los tipos son los siguientes:



Colérico (emotivo, activo, primario)

Apasionado (emotivo, inactivo, secundario)

Nervioso (emotivo, inactivo, primario)

Sentimental (emotivo, inactivo, secundario)

Sanguíneo (no-emotivo, activo, primario)

Flemático (no-emotivo, activo, secundario)

Amorfo (no-emotivo, inactivo, primario)

Apático (no-emotivo, inactivo, secundario)


Caracterología